Linda no diagnostica: pregunta.
Y duele.
Esa pregunta que evitás es justo la que sostiene todo lo que decís querer cambiar.
La mayoría no responde porque confunde pensar con sufrir.
— “¿Y si no te pasa nada malo, solo estás evitando sentirlo?”
La sesión termina cuando te reís. No porque mejoraste, sino porque entendiste el absurdo.